PostHeaderIcon La crisis de la hegemonía en Oaxaca: el conflicto político de 2006/Joel Ortega

General

Joel Ortega

La crisis de la hegemonía en Oaxaca: el conflicto político de 2006*.

Publicado originalmente en: Martinez Vásquez, Víctor Raúl (coord.) La APPO: ¿rebelión o movimiento social? (nuevas formas de expresión ante la crsis), IIS-UABJO, Oaxaca, 2009.  pags. 11-44. Joel Ortega es estudiante del posgrado en Estudios Latinoamericanos en la UNAM:

Una crisis se da cuando lo viejo no acaba de morirse y lo nuevo no acaba de nacer:

Antonio Gramsci.

“En Oaxaca se ponen los cimientos de lo que viene"…….da la sensación de "estar al mismo tiempo parado en dos dimensiones del tiempo: el pasado y el futuro":

Samuel Ruiz, Oaxaca, Agosto, 2006


I. Introducción.

Hay momentos de la vida colectiva en que los ritmos se aceleran e intensifican. Las clases, las organizaciones, el estado y la sociedad en su conjunto despliegan todas sus fuerzas. En unos cuantos meses se realizan actos y se viven experiencias que dejan aprendizajes y marcan la vida de generaciones enteras.

Estos momentos, no son fortuitos, no responden solamente a la coyuntura más inmediata sino que son el resultado de una acumulación de contradicciones que llevan años de gestación. Sin embargo, el contexto específico en el que se desarrollan es el factor que las hace detonar.

Uno de esos momentos se vivió en el año 2006 en Oaxaca. Como bien dice una de las canciones del movimiento popular, “el día catorce de junio del año de 2006 en la plaza de Oaxaca se puso el mundo al revés”[1][2]. Tras el intentó fallido de desalojar el plantón de los maestros toda una serie de contradicciones de la sociedad oaxaqueña, acumuladas durante años, se potenciaron y activaron. Comenzó así uno de los movimientos sociales con más innovación y convocatoria de los últimos años.

En este artículo, examino el conflicto de 2006 como un momento de gran intensidad colectiva que es consecuencia de una crisis de larga duración. Intento conciliar dos procesos que se manifestaron en 2006. Por un lado la “crisis orgánica”, como la llamaba Gramsci, que se vive en Oaxaca, como resultado del debilitamiento de la hegemonía priista y la construcción de una sociedad civil muy activa y por otro lado la riqueza que en si mismo encerró la coyuntura, con sus periodos de lucha, las innovaciones en la misma y también las contradicciones en la APPO y el movimiento popular.

Así, este artículo tiene dos objetivos. El primero es examinar cuáles son los antecedentes del movimiento popular que han generado una crisis de la hegemonía priista. El segundo, cómo se manifestó esta crisis en el conflicto de 2006, con sus actores, etapas y contradicciones.


II. Sistema de dominación y movimiento popular.

La APPO surgió en el marco de una crisis profunda del sistema político oaxaqueño. El sistema regional de dominio, que se formó desde la Colonia con cierta autonomía y diferencias del sistema nacional, no ha sabido adaptarse a los cambios políticos del resto del país y en lugar de democratizarse ha optado por un regreso al autoritarismo. Ante la ausencia de un presidente priísta los gobernadores han intentado instaurar un sistema autoritario basado en su propia figura. Se ha formado un enclave de autoritarismo en el que el presidencialismo ha sido sustituido por un “gobernadurismo autoritario”[3].

Sin embargo, el avance del movimiento popular, el fortalecimiento de la sociedad civil e incluso la crisis dentro de la propia elite dominante (vallistocracia) ya no permiten un poder tan antidemocrático. Por eso, el sistema de dominación regional llegó al 2006 sin legitimidad y en una crisis profunda.

Desde la Independencia, a lo largo del Siglo XIX y después con la Revolución Mexicana se formó en Oaxaca un sistema regional de dominio, en el que la élite local impuso su política incluso en contra de las políticas dictadas desde la Ciudad de México[4]. Finalmente, los comerciantes aliados con los cacicazgos locales, fundaron un sistema político autoritario y basado en el partido de estado como en el resto del país pero sin la modernización que se dio a nivel nacional.

A partir de la caída del gobernador Manuel Zarate Aquino en 1977 se generaron cambios democráticos por la irrupción del movimiento popular. A nivel social el surgimiento de nuevos actores han quebrantado las bases del sistema corporativo que se construyó en Oaxaca después de la Revolución. Así, a partir de 1968, los movimientos sociales han conseguido reformas democráticas. Con la emergencia del movimiento universitario se generaron transformaciones en la UABJO, el movimiento magisterial consiguió la democratización del sindicato de maestros que desde 1980 ha constituido la columna vertebral del movimiento popular, el movimiento indígena que hace su aparición desde la década de 1980 ha democratizado los municipios, por su parte el movimiento urbano y las organizaciones no gubernamentales desde distintas temáticas y espacios han contribuido a minar el poder autoritario y construir una sociedad civil más vigorosa y democrática.

A nivel local, en los últimos años se han logrado reformas políticas al desvanecerse el control que el PRI ejercía en las comunidades indígenas. Estos cambios, como las reformas electorales que permiten elecciones de usos y costumbres, se han dado por la emergencia del movimiento indígena y la lucha por la democratización de los municipios. Estos son elementos fundamentales para entender la toma de palacios municipales, el nombramiento de ayuntamientos populares y la movilización que en 2006 también se dio en las comunidades.

Sin embargo, todos esos cambios han sido atacados con el inició de un nuevo ciclo autoritario en Oaxaca, que paradójicamente empezó en el año 2000 con la alternancia en el poder a nivel federal. Sin los contrapesos que antes les imponía el presidencialismo los gobernadores José Murat y Ulises Ruiz han intentado consolidar un poder autoritario en la entidad. Pero esta regresión se ha enfrentado con la resistencia de una sociedad civil mucho muy participativa.

De esta forma, al analizar la historia del movimiento popular y el sistema de dominación en los últimos años podemos concluir que el segundo se ha visto cuestionado por la emergencia de nuevos actores pero estos no han logrado desplazarlo y construir una nueva alternativa. Por lo que se genera una crisis en la que ambos se enfrentan de manera permanente. Esta crisis no se ha resuelto y el conflicto de 2006 no sería desde esta perspectiva más que un episodio de la misma.

III. 2006: la activación de las barricadas.

Una vez establecidos los antecedentes del sistema de dominación y del movimiento popular así como las organizaciones y aparatos con los que cada uno contaba al estallar el conflicto, hay que analizar como se comportaron estas “trincheras de la sociedad civil” (barricadas podríamos decir para el caso de Oaxaca) durante el conflicto. Establezco las siguientes fases del conflicto:

a) 1 de mayo a 14 de junio- Fase gremial y de acumulación de fuerzas.

El movimiento popular no empezó el 14 de junio, por lo menos desde el 1 de mayo comenzó un proceso de movilizaciones que fueron desatendidas (o mal atendidas) por el gobierno y que poco a poco fueron acumulando fuerzas y generando simpatías entre la población.

El 1 de mayo, en un preludio de lo que serían las grandes movilizaciones del 2006, la Sección 22 del SNTE, el Frente de Sindicatos y Organizaciones Democráticas (FSODO) y la Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo (PUNCN) realizaron una mega marcha con una asistencia de 60 mil. Los maestros presentaron su pliego petitorio insistiendo en la rezonificación y otras medidas económicas, pero también el establecimiento de una mesa de negociación con el FSODO. Ya desde entonces empezaba a dibujarse la política de unidad entre las organizaciones, la PUNCN llamó a construir un gran frente de resistencia social “para cerrar el paso al gobierno ilegítimo, autoritario y sumido a los intereses extranjeros”[5].

Para variar el gobierno de Ulises Ruiz realizó 7 detenciones que fueron denunciadas como arbitrariedades por parte de organismos de derechos humanos.

La situación era tensa. Para el 4 de mayo, la sección 22 desconoció al secretario de gobierno Jorge Franco Vargas por su autoritarismo y su incapacidad para negociar. El 5 de mayo de nuevo se movilizaron los maestros en Oaxaca (20 mil) y en otras ciudades del estado.

EL 15 de mayo se realizó la segunda mega marcha (60 mil) y se anunció el inició del paro para el 22 de mayo. Por esos días, la Sección 35 del Sindicato de Trabajadores de la Secretaría de Salud (SNTSA) inició una huelga de hambre para exigir democracia al sindicato nacional. La PUNCN y el FSODO eran espacios en los que se iba gestando una amplia alianza popular.

Finalmente el 22 de mayo estalla el paro magisterial que es acompañado por un plantón en 60 calles del centro histórico de Oaxaca. Como vemos, ya desde unos días antes se venían gestando las condiciones para la movilización.

El 24 de mayo la Sección 35 se suma al paro, poco a poco el movimiento va superando su fase puramente magisterial. Todos los días se realizan movilizaciones magisteriales a las que se suman algunas de mujeres, vecinos, y otros sindicatos.

Por su parte Ulises Ruiz ofrecía 252 millones y le adjudicaba el problema a la SEP. La COPARMEX (Confederación Patronal de la República Mexicana) llamaba al diálogo y la CANACO (Cámara Nacional de Comercio) le pedía al gobierno prevenir los conflictos para evitar manifestaciones sociales.

El 26 de mayo los maestros rechazan la oferta de Ulises y se rompen las negociaciones. Días después, URO (Ulises Ruiz Ortiz) amenaza con reprimir a los maestros y a tono con su política autoritaria el secretario de gobierno Jorge Franco declara “o se quitan los maestros o les voy a partir la madre”[6]. En la radio comienza una campaña en contra de los maestros. El 2 de junio, 350 presidentes municipales le exigen a la Sección 22 regresar a clases. En respuesta los maestros evalúan la posibilidad de desconocer al gobernador.

Así, en estos días el gobierno en lugar de negociar profundiza su política autoritaria. Amenaza con la represión y monta una campaña mediática para aislar a los maestros. Sin embargo, las organizaciones que desde la llegada de Ulises habían sido agraviadas se acercan a los maestros y comienzan a levantar un movimiento popular con demandas más amplias. Aunque hay que decir que en esta etapa todavía no se expresa de manera masiva la solidaridad espontánea de los ciudadanos desorganizados que luego fueron uno de los motores del movimiento.

En estas condiciones el magisterio radicaliza sus acciones, retira los parquímetros del centro y toma la Casa de Gobierno, el Congreso Local y otras oficinas gubernamentales. Cobra cada vez más fuerza la idea de pedir la salida de URO. El 7 de junio se realiza la segunda mega marcha, con la presencia de 250 organizaciones y la asistencia de más de 100 mil personas. Al finalizar se realiza un “juicio popular” que entre otras cosas encontró culpable a Ulises “de encabezar un gobierno autoritario, represor y violento de los movimientos sociales” por lo que resolvió “por unanimidad, que Ulises Ruiz Ortiz sea destituido del cargo de gobernador del estado de Oaxaca”[7].

En los siguientes días el enfrentamiento no hace sino profundizarse, el 11 de junio 300 presidentes municipales y el congreso local integran una comisión para exigir le intervención de la fuerza pública al gobierno federal. Al día siguiente Enrique Rueda, secretario general de la Sección 22 anuncia el establecimiento de una “Asamblea Popular” para lograr la salida de Ulises Ruiz.

De esta forma, en esta primera etapa el magisterio construye alianzas con otros sectores del movimiento popular y genera una acumulación de fuerzas que le van a permitir resistir a la ofensiva represiva del gobierno. Por su parte Ulises ciego ante el apoyo popular al magisterio se prepara para consolidar su política represiva y acabar con la organización más importante del movimiento social oaxaqueño.

Como vemos es falso que el 14 de junio, tras el desalojo, haya surgido de la nada el movimiento popular oaxaqueño, desde el 1 de mayo había iniciado una jornada de lucha que el desalojo lejos de aplastar impulsó y reforzó al atraer nuevos sectores a la lucha.

b) 14 de junio-10 de agosto. Fase de ascenso del movimiento popular.

Antes del 14 de junio, el conflicto se desarrollaba dentro de los causes normales de las luchas magisteriales de cada año. Aunque tenía una capacidad de convocatoria que sobrepasaba lo habitual y había construido una alianza con cientos de organizaciones sociales no lograba todavía atraer el apoyo espontáneo del pueblo desorganizado. Con el desalojo, el movimiento dio un salto en sus demandas, en su convocatoria y sobre todo en la incorporación de miles de personas sin organización y muchas veces sin experiencia previa participación.

En esta etapa, el movimiento magisterial con demandas gremiales se sublima en uno enteramente popular con una demanda política: la destitución de URO. Es el periodo en que se obtienen grandes victorias en todos los terrenos, desde el enfrentamiento violento con la policía hasta la derrota electoral del PRI, surge la APPO y se toman los medios de comunicación. Y sobre todo, es el momento en que más claramente se incorpora un nuevo actor, más allá de las organizaciones sociales, los sindicatos o la misma sección 22, en esos días hace su aparición el pueblo desorganizado y espontáneo. Los colonos de toda la ciudad, los jóvenes desempleados, los estudiantes, las amas de casa, los subempleados, los profesionistas, en suma una amplia gama de clases medias y sectores marginados que se incorporan al movimiento. Con su espontaneidad le imprimen una gran vitalidad al movimiento pero con su desorganización sientan las bases de sus contradicciones y limitaciones.

A las 4:30 AM del 14 de junio, el gobierno inició el desalojo[8]. Simultáneamente en el plantón del zócalo, en el Hotel del magisterio y en el Edificio Sindical entre 2000 y 2500 policías estatales, de diversos cuerpos, irrumpieron para desalojar a los maestros.

El enfrentamiento duró más de tres horas. La policía utilizó gases lacrimógenos, destrozó las casas de campaña del plantón y todo lo que encontró a su paso. Golpeó a niños y mujeres. Ingreso a escuelas donde se refugiaban los maestros e incluso desde un helicóptero particular arrojó gases lacrimógenos violando todas las convenciones sobre el uso de los mismos. La brutalidad fue tal que la población indignada salió a las calles a solidarizarse con los maestros y frenar la agresión.

Por su parte, los maestros que en un inicio salieron huyendo del zócalo comenzaron a reagruparse y a organizar la resistencia. Con palos, resorteras y bombas molotovs se enfrentaron a la policía y lograron debilitarla. Vecinos del centro y estudiantes de algunas escuelas cercanas apoyaron a los maestros y se enfrentaron a la policía. Para las 7 a.m. ya el mundo “se había puesto al revés”. La policía arrinconada en el zócalo, con pocas municiones y asfixiada por sus propios gases lacrimógenos tuvo que abandonar el centro de la ciudad. Un miembro de la policía ministerial declaraba “"Nos utilizaron de carne de cañón, los compañeros no quieren hacer frente a los maestros"….."Son muchos, y nosotros pocos"[9].

Así, luego de tres horas de enfrentamiento la situación se transformó radicalmente. Ulises Ruiz completamente debilitado por la derrota solicitó la intervención de la PFP pero el gobierno federal la rechazó y se quedó sólo. En cambio los maestros ganaron aliados, muchos grupos que antes del desalojo veían el plantón con desconfianza fueron atraídos al movimiento en repudio a la brutalidad policiaca.

En las siguientes horas, y días, las manifestaciones de solidaridad con el magisterio se multiplicaron. Ese mismo día estudiantes de la UABJO tomaron Radio Universidad y la convirtieron en el medio de comunicación del movimiento. En una acción insólita llegó al zócalo una marcha de abogados, a la 1:30 PM un grupo de padres de familia salió de la agencia municipal de Dolores en solidaridad con los maestros[10] , en Radio Universidad amas de casa y familias llevaban comida y ropa para los maestros, además se emitían mensajes de solidaridad por parte de todo tipo de organizaciones. El movimiento ya no era magisterial, sino “popular” y el grito de ¡¡Ya cayó, ya cayó! ¡Ulises, Ya cayó! se convirtió en la principal consigna del movimiento.

En los siguientes días la Sección 22 y las organizaciones sociales (PUNCN, FSODO, etc.) intentaron dar cause a la enorme solidaridad. El 16 de Junio se realizó la tercera mega marcha y el apoyo fue impresionante, 500 mil calculó El Imparcial y 300 mil Noticias. Bajo este panorama se convocó para el 17 de junio a la primera Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO).

En medio de este movimiento masivo y espontáneo la sección 22 propuso la formación de la APPO para dotar al movimiento de una estructura organizativa. Pero desde un inició la APPO tuvo serias dificultades para incorporar a los miles de ciudadanos que participaban de manera desorganizada. A la reunión del 17 acudieron más de 250 organizaciones de todo el estado, se las veía como el canal adecuado para representar a todos los sectores del movimiento. Se eligió una dirección colectiva provisional con representación por sectores sociales y regiones del estado y se acordó la demanda fundamental de pedir la renuncia de Ulises Ruiz. La estructura se acordó por consenso y se intentó que fuera lo más democrática posible. Sin embargo, por el espontaneismo del movimiento muchos sectores desorganizados no acudieron a la asamblea.

En entrevista Florentino López reconoció que “si la megamarcha del 16 de junio hablamos de medio millón de asistentes la gran mayoría no estaba organizado y la gran mayoría obviamente no tenía una representación en el consejo pero eso tiene que ver con un problema general del movimiento, del espontaneismo que en ese momento se estaba generando………pero lo correcto de la integración de este consejo era darle orden y organizar a este gran movimiento”[11].

Así, surgió la APPO como el espacio de deliberación y dirección del movimiento que antes se había limitado a solidarizarse con las decisiones del magisterio. Y aunque fue un espacio abierto, amplio y plural tuvo muchas dificultades para incorporar orgánicamente a los sectores que se sumaban al movimiento. Este problema genero después fricciones y criticas a lo largo del conflicto.

A pesar de lo anterior la APPO se convirtió en un espació con gran legitimidad para dirigir al movimiento y logró conducirlo a uno de los triunfos más impresionantes del movimiento popular: las elecciones del 2 de julio.

Después de evaluar un boicot a las elecciones el 30 de junio la APPO y el magisterio acordaron organizar un “voto de castigo al PRI y al PAN”.

Y en efecto, en un resultado histórico para Oaxaca el PRI obtuvo la peor votación desde su existencia. De 11 distritos electorales sólo consiguió el triunfo en 2 y los otros 9 fueron para la Coalición Electoral Por El Bien de Todos (PRD-PT-PC)[12]. Que el resultado de esta elección se explica en gran medida por la APPO lo demuestra un análisis de lo excepcional de sus resultados si se le compara con las elecciones anteriores y la de 2007, en que el PRI ya superada la crisis recuperó la mayoría y el PRD redujo drásticamente su votación. Pocas veces se ha visto que un movimiento social participe con tanto éxito en un proceso electoral.

Después de este triunfo el movimiento vivió la primera de sus fricciones cuando la Sección 22 decidió regresar a clases del 10 al 22 de julio para terminar el ciclo escolar. Algunos sectores de la APPO y corrientes de la propia sección 22 (como la Unión de Trabajadores de la Educación) cuestionaron esta medida y ya desde entonces acusaron a Enrique Rueda de traidor quién argumento que se trataba de un repliegue necesario ante la presión de los padres de familia.

Pero el movimiento seguía con una vitalidad enorme. La siguiente batalla se dio en torno a la realización de la Guelaguetza. Ya desde 2005, algunas organizaciones se habían planteado realizar una “guelaguetza popular”, para aprovechar el simbolismo de la fiesta más importante del estado y cuestionar la mercantilización y los altos costos de la organizada por el gobierno. En 2006, en medio del conflicto la Sección 22 y la APPO discutían si boicotear la gubernamental o sólo realizar una alternativa a cargo del movimiento popular.

De manera sorpresiva el 14 de julio un grupo de jóvenes incendio el entarimado del auditorio guelaguetza. Para Enrique Rueda, secretario de la Sección 22, el incendio se debió a grupos infiltrados del PRI. En los días siguientes la APPO y el magisterio instalaron un plantón en los accesos a la carretera del Fortín para impedir la Guelaguetza. Finalmente el 17 de julio Ulises Ruiz anunció por televisión la cancelación de la fiesta.

En cambio la APPO y el magisterio realizaron la “Guelaguetza Popular” el 24 de julio en las instalaciones del ITO. Con una gran asistencia el acto fue un éxito.

Con la Guelaguetza el gobierno quedó exhibido en su debilidad y en el imaginario de la gente la APPO se consolidó como un verdadero contrapoder. Sin embargo, porros o no, el incendio al Auditorio Guelaguetza demostró que la APPO comenzaba a ser rebasada. Un hecho de tal trascendencia no fue nunca discutido y se realizó de manera espontánea, eso en el mejor de los casos suponiendo que no fueron grupos infiltrados del gobierno. Ante la espontaneidad la APPO se mostraba, aún en esta etapa de auge, muy proclive a la manipulación y la infiltración gubernamental.

Hasta este momento el movimiento se mostraba fuerte, sus movilizaciones eran impresionantes, se había adueñado de la ciudad y el gobierno se veía prácticamente derrotado. Pero los medios electrónicos, en manos del gobierno algunos de ellos, no reflejaban esta realidad[13]. Seguían apoyando a Ulises Ruiz. Ya el 23 de julio algunos estudiantes habían propuesto a la APPO realizar acciones más radicales como la toma de los medios.

El 31 de julio, el ex director de Canal 9, José Palacios Román se quejaba de la parcialidad del canal 9 y proponía un consejo de opinión pública para democratizarlo. Afirmaba que “Oaxaca es la entidad con mayor número de radiodifusoras clandestinas que dan respuesta a los reclamos sociales, ante la falta de apertura a la disidencia en los medios de información escrita y hablada”[14].

Estas palabras publicadas el 1 de agosto deben haber sido leídas por algunas de las mujeres que ese día en un hecho nunca antes visto en el país tomaron un canal de televisión. La marcha fue convocada por el recién constituido Frente de Colonias y Ciudadanos, que era una de las organizaciones fundadas al calor del movimiento para incorporar a quienes participaban desorganizadamente, y se convocó especialmente a las mujeres llevando cacerolas, igual que en las protestas argentinas.

Al llegar al zócalo espontáneamente la gente empezó a gritar ¡Al 9! ¡Al 9! Y se dirigieron al canal para exigir un espacio para el movimiento. Pero al negarse el canal las mujeres lo tomaron. Inició así un proceso inédito en los medios de comunicación y se consolidó la organización de las mujeres al interior del movimiento.

Desde el 1º hasta el 20 de agosto las mujeres del movimiento dirigieron el canal. Poco a poco se asesoraron con estudiantes y grupos de medios alternativos y comenzaron a operar el canal. Transmitían documentales, invitaban a la gente a denunciar y a partir del 3 de agosto establecieron una barra programática que incluía, un espacio de documentales de mal de ojo TV, un “espacio urbano” y un noticiario[15].

Hasta aquí el movimiento había obtenido grandes victorias y era empujado por un enorme apoyo popular que no siempre era controlado por las organizaciones lo le daba al movimiento mucha espontaneidad, con lo positivo y lo negativo que esto implica.

Sin embargo, después del desconcierto inicial de las derrotas del 14 de junio, las elecciones del 2 de julio, la cancelación de la Guelaguetza y la toma del Canal 9 el gobierno empezó a aplicar una estrategia represiva y de desgaste para golpear al movimiento. El Canal 9 fue atacado y el 10 de agosto en una marcha asesinado José Jiménez Colmenares.

Con estos hechos se termina la etapa inicial de triunfos y ascenso del movimiento e inicia una nueva. Tanto el gobierno como el movimiento asimilan mejor la novedad de la situación y utilizan todas sus fuerzas. En esta nueva etapa están ya los actores fundamentales del movimiento y sus contradicciones que después irán desarrollándose: la sección 22 que constituye la columna vertebral del movimiento, las más de 300 organizaciones de la APPO que van tomando fuerza propia frente a la dirigencia de la sección 22 y el “pueblo” desorganizado que en los siguientes días da un paso en su organización con el surgimiento de las barricadas.

En las siguientes etapas no hacen sino desarrollarse estos elementos ya presentes en esos momentos del conflicto.

c) 10 agosto-27 de octubre. Consolidación, confrontación y desgaste

A partir del 10 de agosto el conflicto entra en su etapa más intensa. Son los días en que la salida de Ulises Ruiz parece ser una posibilidad real y cercana. Pero la represión se recrudece con la formación de las “caravanas de la muerte” y el inicio de los asesinatos. El movimiento popular pierde el empuje inicial de los primeros días pero se consolida y encuentra Un espacio de organización muy importante en las barricadas. Es el momento en que tanto el gobierno como el movimiento despliegan todas sus fuerzas.

Como dijimos antes, el 10 de agosto en una marcha que se dirigía al canal 9 es asesinado José Jiménez Colmenares. En los siguientes días los ataques paramilitares se intensifican, el Canal 9 que permanece en manos del movimiento se vuelve su principal objetivo. Finalmente el 21 de agosto, después de un ataque el Canal 9 sale del aire.

En respuesta, y otra vez de manera espontánea, el movimiento toma las radiodifusoras. Las radios se convierten en el medio ideal para organizar las acciones del movimiento. A diferencia de la tele en que se contaba con un solo canal, las estaciones reflejan la pluralidad del movimiento.

Al día siguiente, el 22 de agosto en la madrugada los grupos paramilitares hacen su aparición de nuevo para atacar a la recién tomada radio La Ley (bautizada por el movimiento “La Ley del Pueblo”) y es asesinado el arquitecto Lorenzo San Pablo Cervantes.

Las barricadas.

Ante estos ataques, como mecanismo de autodefensa, se habían instalado las barricadas. Ya desde los primeros días del plantón los maestros habían instalado barricadas en el centro histórico para protegerse. Después se extendieron a los edificios de gobierno tomados y a los lugares estratégicos del movimiento. Con la toma del Canal 9 y las radiodifusoras las barricadas se esparcieron por toda la ciudad. Como medida de presión se instalaron en avenidas y calles importantes. En las colonias populares los vecinos instalaban barricadas para defenderse. En poco tiempo las barricadas se multiplicaron y abarcaron prácticamente toda la ciudad. Se calcula que en su punto más elevado había alrededor de 1500[16].

Es indudable que las barricadas cumplieron un papel en la autodefensa del movimiento en contra de los ataques paramilitares. Mostraron el control efectivo que ya el movimiento ejercía sobre la ciudad y la resistencia que podría mostrar en caso de una intervención policíaca. Sin embargo, más allá de sus funciones defensivas en la lucha las barricadas dotaron al movimiento de un nuevo espacio de identidad y organización.

Los colonos, profesionistas, jóvenes desempleados, amas de casa y otros sectores de la clase media o marginados que por sus condiciones sociales no participaban en ningún sindicato u organización social de masas encontraron en la barricada un espacio para discutir, organizarse y tomar decisiones.

En muchas colonias, vecinos que habían participado de manera individual en el movimiento pero que no se conocían entre si empezaron a articularse y a formar nuevas colectividades. Así surgieron muchas agrupaciones de colonos que se organizaron localmente pero no siempre se vincularon con la APPO, su dirección colectiva provisional y posteriormente con el CEAPPO, aunque seguían sus instrucciones en términos generales.

Así, la barricada fue un espacio de organización del movimiento fuera del ámbito laboral y por lo tanto no asumió formas ligadas a la pertenencia de clase. Además, en la barricada se mezclaban indistintamente todas las generaciones de la sociedad oaxaqueña. Familias enteras participaban en las barricadas. Las amas de casa, preparaban comida y cuidaban a los jóvenes barrikaderos. En condiciones de tal intensidad por los enfrentamientos y el peligro constante se generó un sentido de pertenencia y de solidaridad. Incluso viejas barreras culturales hacia los jóvenes de diferentes contraculturas comenzaron a superarse.

De esta forma, las barricadas fueron el medio que el sector desorganizado del movimiento encontró para articularse. La fuerza que este espacio adquirió fue tal que muchos de los miembros de sectores sindicalizados cansados del burocratismo de sus organizaciones se alejaron (aunque no las abandonaron) de las mismas y se acercaron a las barricadas. Incluso muchos maestros dejaron de asumirse como tales y se autodenominaron como parte del “pueblo” en las barricadas.

Sin embargo, no todas las barricadas fueron iguales, dependiendo la zona en la que se instalaban, la presencia de militantes de organizaciones, su composición social y los ataques de que eran objeto variaban en su discurso y su práctica política. Además, su composición heterogénea fue fuente de muchos conflictos. No siempre se trato de la recomposición de la comunalidad que algunos han querido ver en ellas.

Paralelamente a la formación de las barricadas se llevaban a cabo las negociaciones con la Secretaria de Gobernación y se elaboraban propuestas para el cambio democrático en Oaxaca.

El 16 de agosto a convocatoria de la APPO y diversas organizaciones civiles se realizó el Foro Nacional “Construyendo la democracia y la gobernabilidad en Oaxaca”. Con este espacio la APPO demostró ante la opinión pública el apoyo de algunos sectores de la intelectualidad y sobre todo avanzó en la elaboración de un programa de transformación más allá de la caída de Ulises Ruiz. En los resolutivos del Foro se planteó la necesidad de una nueva Constitución Política con una verdadera división de poderes, autonomía para los pueblos indígenas, transparencia y mecanismos de democracia directa como el referéndum y la revocación de mandato. Para ello convocaba a “la elaboración de un Programa Político Unitario….a un Nuevo Pacto basado en el diálogo de todos los sectores del pueblo de Oaxaca……..en suma,….a construir el estado de derecho, la democracia y la gobernabilidad con la instauración de una Nueva Constitución para nuestros estado que incluya todas las voces del pueblo oaxaqueño”[17].

Con estas propuestas en la mesa se establecieron las negociaciones con la Secretaria de Gobernación. En un inicio el secretario de gobernación Carlos Abascal se negó a negociar la salida de Ulises Ruiz porque no es una de las competencias del gobierno federal, sin embargo intentó canalizar a la APPO por las vías institucionales que permiten la desaparición de poderes. Además realizó ofertas cada vez más cercanas a las demandas económicas de los maestros.

La APPO y la sección 22 establecieron una Comisión Única Negociadora (CUN) con la intención de evitar que desde el gobierno se promoviera una división en el movimiento.

Desde agosto iniciaron los acercamientos y el 28 del mismo mes se estableció la primera mesa de negociación. A sugerencia de la SEGOB se estableció una “ruta legal” para la salida de URO. En ese sentido se acordaron reuniones con Santiago Creel (el presidente del Senado). Pero las negociaciones se entramparon, la Segob la pidió a la APPO que frenara la violencia en el estado y que aplicara medidas de distensión, como levantar algunas barricadas, sólo que estas no acataron el acuerdo.

Además en Oaxaca, la dinámica del movimiento llevó a la APPO a establecer medidas de un “gobierno popular” como fueron los bandos de gobierno, los juicios populares y el establecimiento de la Policía Magisterial de Oaxaca (POMO) y el Honorable Cuerpo de Topiles. Estas medidas en general no le gustaron a la SEGOB por la polarización que generaban. Sólo la POMO y el cuerpo de topiles fueron tolerados desde el gobierno federal como una medida minima para restablecer la seguridad en la ciudad. Incluso, como parte de las negociaciones se estableció una “mesa de incidencias” con abogados de la APPO y aval PGR para resolver algunos casos de delincuentes e infiltrados capturados por la APPO.

El 28 de septiembre la Segob propuso “reducir el poder de URO” sin que este abandonara el cargo y la satisfacción de las demandas de la Sección 22. Además una reforma política en la que se contemplaría la revocación de mandato y que sería producto de un pacto entre diversas fuerzas del estado. A cambio la PFP entraría a la ciudad para restablecer el orden pero no “para apuntalar al gobierno priista”.

En los hechos, con esta propuesta en tres vías la SEGOB comenzó a plantear una negociación por separado con la Sección 22, a preparar las condiciones para la entrada de la PFP y a restar presencia a la APPO al convocar a un “pacto” de toda la sociedad y ya no con la APPO como el actor fundamental.

De esta forma, la Segob convocó al “Foro Pacto para la Gobernabilidad y el desarrollo” el 4 de octubre. Al Foro fueron invitados las cámaras empresariales, los partidos políticos, intelectuales, organizaciones civiles, el gobernador, la APPO y la Sección 22. Para la APPO se trató de un acto ilegitimo por la presencia del propio Ulises Ruiz y porque en los hechos la desconocía como el interlocutor más importante del conflicto, como tal ni la APPO ni la Sección 22 acudieron al encuentro. Aún más, un grupo de intelectuales entre los que se encontraba Francisco Toledo, Víctor Raúl Martínez y algunos dirigentes indígenas abandonaron el Foro por considerarlo ilegitimo. Así, sin los interlocutores principales del conflicto el Foro lejos de construir un nuevo “pacto social” en Oaxaca sólo contribuyó a aumentar la polarización.

Días antes se habían presentado en la ciudad de Oaxaca vuelos razantes de la marina en una clara señal del posible envió de fuerzas federales para “resolver” el conflicto. Al mismo tiempo, la Segob presionaba a los maestros a aceptar sus propuestas que de cambiar la situación podrían ser retiradas.

Era cuestión de días para enviar a la PFP y la estrategia de separar a la Sección 22 del movimiento era clara. Sin embargo, todavía faltaba la decisión de la Cámara de Senadores sobre la desaparición de poderes en Oaxaca. La APPO había invertido muchas de sus fuerzas en este proceso y en esos momentos fue la decisión clave para el desenlace final del conflicto.

Desde que inició el movimiento la APPO diseño una estrategia legal para conseguir la salida de URO. El 30 de julio fue presentada ante el Senado la solicitud de desaparición de poderes. Sin embargo, los senadores en medio del conflicto postelectoral no le dieron prioridad al problema. La sección 22 y la APPO realizaron todo tipo de movilizaciones para presionarlos y algunos Senadores del PRD apoyaron la propuesta, pero el asunto seguía sin discutirse. El 1 de septiembre con el cambio de legisladores se pensaba que se aceleraría el proceso pero los senadores seguían dando largas al asunto.

En estas condiciones, las bases del movimiento empezaron a presionar a la Sección 22 y la misma APPO a que se realizara una acción más contundente para presionar al Senado. Finalmente el 21 de septiembre salía de Oaxaca la Marcha Caravana Por la Dignidad de los Pueblos de Oaxaca “14 de junio no se olvida” con rumbo al Distrito Federal. Una vez más se evidenció el espontaneismo del movimiento y las fricciones entre la APPO y la Sección 22. La marcha salio antes de lo programado y la dirigencia de la Sección 22 no pudo hacer la ceremonia del “banderazo de salida” hasta el día siguiente cuando la marcha se encontraba ya en el municipio de Etla.

La marcha-caminata, fue quizá la iniciativa más importante de la APPO para extender la lucha a otros estados de la república y romper el aislamiento en que se encontraba el movimiento a nivel nacional. En la marcha-caminata participaron alrededor de 3 mil maestros, mil miembros de organizaciones sociales y cientos de ciudadanos sin organización. Durante 19 días, hasta el 9 de octubre la marcha recorrió parte del estado de Oaxaca, Puebla y el Estado de México para instalarse finalmente en un plantón frente al Senado en el DF. En el trayecto se recibieron muestras de solidaridad por parte de organizaciones sociales y en menor medida de manera espontánea por la población. En especial fue emotivo el recibimiento en Ciudad Nezahualcoyotl que esta compuesta en buena medida por migrantes oaxaqueños. En total se recorrieron 480 kilómetros y cerca de 19 pueblos[18].

Pero en el Senado seguían sin resolver el problema de la desaparición de poderes. La solicitud presentada desde julio por la Sección 22 se convirtió en una propuesta de dictamen que la 59 legislatura (2000-2006) nunca atendió. A partir de septiembre inmediatamente después de su toma de posesión en la 60 legislatura (2006-2012) se empezó a discutir el problema. Algunos senadores del PRD como Gabino Cué presionaron para que se analizara y votará. Sin embargo, en una votación del 14 de septiembre con mayoría del PAN y del PRI no se consideró “urgente” el conflicto en Oaxaca.

Casi un mes después, el 10 de octubre se volvió a analizar el dictamen sobre la desaparición de poderes y se nombró una comisión de 3 senadores para que viajara a Oaxaca y elaborará un informe sobre la situación. El viaje se realizó los días 12 y 13. El gobierno de Ulises intentó demostrar la “gobernabilidad” en el estado pero no pudo recibir a la comisión en las instalaciones del gobierno (tomadas por la APPO) ni en cualquier otro lugar de la ciudad y tuvo que reunirse con ellos en pleno aeropuerto de Oaxaca. Por su parte, la APPO elaboró documentos para demostrar las violaciones del gobierno y la situación de ingobernabilidad. Además los senadores recorrieron personalmente las barricadas instaladas por las noches en la ciudad.

Finalmente, el 19 de octubre, después de examinar el informe de la comisión el Senado en un dictamen lleno de contradicciones estableció que “existen condiciones graves de inestabilidad e ingobernabilidad en el estado de Oaxaca”… pero que “no implican la desaparición, esto es, la ausencia o inexistencia, de todos los poderes de Oaxaca”[19]. El PAN y el PRI se aliaron y lograron imponer con 74 votos contra 31 esta resolución que cancelaba la vía institucional para conseguir la salida del gobernador.

Una vez cerrada la instancia legal más importante para lograr la salida de Ulises Ruiz sólo quedaba la represión para “solucionar” el conflicto. Pero antes había que generar las condiciones de la misma.

En ese sentido, desde principios de octubre se enviaron algunas señales que insinuaban medidas represivas y se intentó separar al magisterio de la APPO.

El 11 de octubre la SEGOB le ofreció a los maestros la rezonificación si levantaban la huelga y reducían su presencia en el plantón. En la práctica se resolvía una demanda histórica del movimiento magisterial y la demanda principal del inicio del movimiento magisterial pero implicaba dividir movimiento popular. Después de muchas discusiones entre las corrientes de la Sección 22 se acordó realizar una consulta a la base sobre esta propuesta. El 21 de octubre, unos días después de la resolución del Senado, con 26 mil votos a favor y 13 mil en contra los maestros aceptaron la propuesta de Segob y el regreso a clases.

Sin embargo, en la Asamblea Estatal del magisterio, Enrique Rueda Pacheco fue acusado de traidor y de haber realizado un fraude en la consulta. Finalmente se realizó una nueva consulta el 26 de octubre y el resultado fue más o menos el mismo: 31 078 a favor del regreso a clases y 20 387 por rechazar la propuesta. A cambio de la rezonificación y otros beneficios económicos la Sección 22 se comprometió a regresar a clases a partir del 30 de octubre.

Más allá de las críticas y acusaciones que se le han hecho a la dirigencia de la Sección 22 por este acuerdo, lo cierto es que a nivel estatal los maestros estaban desgastados, con los sueldos retenidos, eran cuestionados por padres de familia y en su interior crecía la disidencia que ya en esos momentos había sido reconocida por el SNTE como Sección 59. En esta situación es lógico que muchos maestros aceptaran una propuesta que mejoraba su situación económica y que permitía mantener a un sindicato fuerte y democrático.

De cualquier manera, este acuerdo constituyó un duro golpe para el movimiento popular. La sección 22 fue desde un inicio la columna del movimiento. Además muchas organizaciones de la APPO y corrientes de la propia Sección 22 acusaron a Rueda de traición con lo que se generó una división muy grande en el movimiento. Sin embargo, muchos maestros, la gran mayoría de los de la región de Valles Centrales, cuestionaron a su dirigencia y continuaron en la lucha de diversas formas.

Así, con el camino legal cerrado por la resolución del Senado y dividido por el acuerdo de los maestros, el movimiento popular se encontró con un panorama muy complicado en los últimos días de octubre. La represión era inminente pero la APPO todavía tenía una capacidad de convocatoria enorme y continuaba adueñada de la ciudad de Oaxaca. Evaluó que se necesitaba una demostración de su fuerza y convocó para el 27 de octubre a un “paro nacional”.

El 27 de octubre, es la última ofensiva planeada y organizada por la APPO pero termina en su primera derrota. Según lo acordado por la APPO, desde las 00 hrs. se instalarían barricadas en toda la ciudad y bloqueos en todo el estado que permanecerían hasta el día siguiente, se realizarían movilizaciones en todo el estado y el país, y se impulsaría un boicot a tiendas y empresas trasnacionales.

Y en efecto, por toda la ciudad se levantaron barricadas y se paralizó buena parte de la actividad en la capital. Sin embargo, desde Radio Ciudadana (la radio clandestina dedicada a atacar al movimiento) se llamaba a romper el paro. En 15 puntos de la ciudad se registraron enfrentamientos. Grupos paramilitares organizados desde el PRI y las policías del estado aterrorizaron a toda la ciudad.

A las 4:00 PM en el municipio conurbado de Santa Lucia del Camino, se desarrolló el enfrentamiento más violento. Mientras cubría los hechos el periodista norteamericano de la agencia Indymedia, Roland Bradlley Will, fue asesinado por una de las ráfagas de los grupos paramilitares. Ese mismo día, con su video y otras fotos, fueron identificados los agresores como policías y funcionarios del municipio de Santa Lucia del Camino[20]. Sin embargo, hasta la fecha el crimen permanece impune y se ha querido inculpar a los propios integrantes de la APPO.

Pero Santa Lucia del Camino, no fue el único punto atacado por los grupos paramilitares, en Santa María Coyotepec al intentar desalojar a un grupo de maestros los paramilitares asesinaron al profesor Esteban López Zurita. En total, según el recuento de la Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos los ataques de ese día dejaron 5 muertos[21]. Por la magnitud y la coordinación de los ataques es obvio que se trató de una ofensiva planeada desde el gobierno.

Desgraciadamente, la ofensiva fue exitosa. La muerte de Brad Will se convirtió en el pretexto que el gobierno federal necesitaba para enviar a la PFP a Oaxaca. La embajada de EU exigió investigar lo sucedido y poner orden en la ciudad. Al día siguiente Fox anunció el envió de la Policía Federal Preventiva.

Así, el 27 de octubre marcó el inició de la represión al movimiento popular. Una vez cerrados todos los canales democráticos para resolver las demandas de la APPO Fox optó por apoyar con toda la fuerza de la federación al gobierno de Ulises Ruiz.

Esta etapa, fue la definitoria del conflicto. En agosto la APPO, parecía dueña de la situación y la salida de Ulises Ruiz se veía como algo muy probable. Sin embargo, la alianza del PRI con el PAN para garantizar la toma de posesión de Felipe Calderón a cambio de la permanencia de URO, cerró todas las posibilidades. Al ver los caminos cerrados la Sección 22 optó por negociar por separado y el movimiento se dividió.

Sin embargo, aún en estas condiciones la APPO no estaba derrotada. Las barricadas seguían con fuerza en toda la ciudad. Todavía ante la represión la APPO realizaría sus últimas grandes hazañas.

d) 27 de octubre al 25 de diciembre. Resistencia popular y ofensiva represiva.

A partir del 27 de octubre inicia una ofensiva represiva por parte del gobierno federal. La APPO a pesar de meses de desgaste continúa con enormes movilizaciones y logra resistir, organiza su Congreso Constitutivo, se enfrenta con la PFP y la obliga a replegarse el 2 de noviembre y finalmente es objeto de una represión desmedida el 25 de noviembre. Aunque disminuida y prácticamente derrotada, todavía organiza movilizaciones a lo largo del mes de diciembre. En la navidad, con muchos lideres presos, escondidos o “exiliados” de Oaxaca, la APPO decreta una tregua y se concluye este proceso de movilizaciones pero no el conflicto que lejos de resolverse sólo desembocó en una mayor polarización de la sociedad.

Como mencionamos, después de la violencia del 27 de octubre Fox se decide a enviar a la PFP. El 29 de octubre desde el Aeropuerto de Oaxaca y por la entrada de la carretera a México marchan contingentes de la PFP para ingresar a la ciudad de Oaxaca. Supuestamente el operativo sólo pretendía quitar las barricadas y restablecer la circulación pero no se dirigía contra el movimiento popular ni para coartar sus libertades políticas.

La APPO hizo un llamado a resistir de manera pacífica, “con flores y pancartas pero sin confrontar a los uniformados”[22]. Por toda la ciudad, se instalaron barricadas, incluso en puntos donde nunca se habían instalado. En algunas, la gente se limitaba a cantar el himno, dar flores a los uniformados o simplemente gritar consignas contra el gobierno. En otros los enfrentamientos fueron más violentos. La PFP, con trascabos y tanquetas, retiraba las barricadas y se enfrentaba a los manifestantes con gases lacrimógenos y agua con químicos roseada desde las tanquetas. Cerca del Instituto Tecnológico de Oaxaca (ITO), en uno de los enfrentamientos, alcanzado por una bomba de gas lacrimógeno caía muerto el enfermero Alberto López Bernal.

En otros puntos de la carretera y avenidas del trayecto de la PFP los manifestantes lanzaron bombas molotov, incendiaron algunos camiones y lograron retener a un policía.

Al final del día, tras horas de enfrentamientos la PFP se había instalado en el zócalo y levantado algunas barricadas pero no era dueña de la ciudad. El saldo de la “batalla” fueron tres muertos (todos del movimiento popular), 10 heridos, 50 detenidos y casas cateadas, 15 autobuses y cuatro vehículos incendiados, un agente de la PFP retenido y una tanqueta tomada por la APPO. [23]

Pero la batalla por el control de Oaxaca, a penas comenzaba. Muchas barricadas seguían instalándose y a pesar de la represión la APPO seguía intacta en su convocatoria y organización.

Al día siguiente, el 30 de octubre, se realizaron varias movilizaciones que partieron de distintos puntos de la ciudad y se dirigieron al zócalo. En respuesta la PFP se atrincheró con sus tanquetas en el zócalo y no permitió el paso a los manifestantes. A pesar de la tensión no se registraron enfrentamientos como los del día anterior.

La situación era tensa y no acababa de definirse, faltaban las batallas decisivas. El 2 de noviembre se presentó la primera. Tras la entrada de la PFP al centro histórico, Ciudad Universitaria se había convertido en uno de los baluartes de la APPO, en su interior transmitía la última radio del movimiento. Cerca de ahí, en el crucero de Cinco Señores (uno de los más importantes de la ciudad), se había instalado una barricada para defender a la UABJO. Esta barricada se volvió un símbolo del movimiento por su combatividad y porque estaba compuesta en parte por los niños y jóvenes de la calle del mismo crucero. Fue conocida como la barrikada de la muerte.

En la mañana, la PFP intentó retirar la barricada de Cinco Señores pero por la radio se llamó a la gente a resistir y se desató un enfrentamiento de varias horas. Respondiendo a los llamados de radio universidad, la gente fue llegando de toda la ciudad. Con bombas molotovs, petardos, piedras y palos se enfrentaron a la PFP.

Según los oficiales de la PFP el operativo sólo pretendía levantar la barricada pero nunca se pensó en tomar la Ciudad Universitaria. Lo cierto es que durante los enfrentamientos gases lacrimógenos fueron arrojados adentro del campus y que en las corretizas algunos policías ingresaron a la zona deportiva del mismo.

Tras 6 horas de enfrentamientos, la PFP decidió retirarse y la APPO lo celebró como una victoria del movimiento. Mucha gente de la APPO se sintió todopoderosa y algunos hablaron de expulsar a la PFP definitivamente de Oaxaca. Sin embargo, la PFP humillada políticamente no había sido derrotada totalmente y todavía no mostraba toda su fuerza.

En los siguientes días la APPO continuó su ofensiva para expulsar a la PFP pero en un ambiente cada vez más adverso y militarizado. El 5 de noviembre, con la asistencia de decenas de miles, la APPO realizó su sexta megamarcha, gracias a las negociaciones con SEGOB la marcha no se dirigió al zócalo y se evitaron enfrentamientos con la PFP. Sin embargo, la policía continuaba retirando barricadas y reforzando sus posiciones en la ciudad. El 7 de noviembre una marcha de la COMO fue dispersada con chorros de agua.

En estas condiciones, con un movimiento todavía vigoroso pero en un ambiente militarizado se realizó su Congreso Constitutivo de la APPO, del 10 al 13 de noviembre. La idea era darle una estructura permanente al movimiento e incorporar a la organización formal a los sectores que habían surgido en el calor del conflicto pero que no tenían representación en la dirección del movimiento. Así, se integró a representantes de las barricadas y de todas las regiones del estado y se nombró un Consejo Estatal de la APPO (CEAPPO) compuesto por 260 miembros, electos de manera permanente por 2 años, distribuidos de la siguiente manera: 40 para la Sección 22, alrededor de 10 concejales por cada región y 22 para los Valles Centrales, 3 a 5 por cada “sector social” en los que se incluyeron Colonias y Barrios, Barricadas, Mujeres, Organismos Civiles, Pueblos Indígenas, Sindicatos, Autoridades Municipales, Jóvenes y estudiantes, campesinos, religiosos, empresarios, académicos, transportistas y sector cultural.

Así, en la etapa final del movimiento la APPO se dotó de una estructura de dirección permanente en la que se intentó incluir a todos los sectores del movimiento. En los siguientes meses el CEAPPO fue la instancia de dirección reconocida por todo el movimiento y en ese sentido supero una de las fallas que la APPO había tenido desde un inicio. Sin embargo, su carácter cerrado y permanente no le permitió una renovación adecuada para remplazar a los presos y a quienes por diferentes circunstancias se alejaban del movimiento.

Además en el Congreso de la APPO se discutieron los principios, el programa y el plan de acción de la organización. Como es lógico se presentaron muchas discrepancias. Al final se acordó “la necesidad de crear la Nueva Constituyente” para lograr “una transformación profunda y radical de las relaciones gobierno y sociedad de las instituciones y de la manera de ejercer el poder”[24]. Sin embargo, los acuerdos fueron muy generales para evitar divisiones.

Dentro del plan de acción se acordaron varias movilizaciones. El 20 de noviembre se realizó una marcha al zócalo. En un preludió de lo que sería la represión del 25 de noviembre, se registraron duros enfrentamientos en el centro de la ciudad. En total 53 manifestantes fueron intoxicados por los gases de la policía.

Aún con esos antecedentes la APPO ratificó su acuerdo de “cerco total” a la PFP para el 25 de noviembre. La idea era bloquear todos los accesos al centro histórico de manera pacifica y durante 48 horas no dejar entrar ni salir a ningún miembro de la policía.

Sin embargo después de una marcha pacífica y que convocó a decenas de miles al poco tiempo de iniciado el cerco comenzaron los enfrentamientos. En todo el centro, pero sobre todo en el “corredor turístico” la PFP atacó a los manifestantes con gases lacrimógenos y canicas lanzadas desde las azoteas con una intensidad desproporcionada. Por su parte grupos de la APPO respondieron con resorteras y las bazukas improvisadas con cohetones. Pero las fuerzas eran totalmente desiguales, la gente intoxicada por los gases, herida por los golpes y las canicas fue retrocediendo, y tras unas horas, completamente derrotada. Además durante los enfrentamientos varios edificios fueron afectados, casualmente el Tribunal Superior de Justicia ubicado en la zona de la PFP fue incendiado sin que está hiciera nada para impedirlo.

La PFP realizó cientos de detenciones arbitrarias e impuso un régimen de terror en toda la ciudad. En la noche y en los días siguientes se realizaron cateos, detenciones y rondines por toda la ciudad. En total 31 desaparecidos y 203 detenidos, de los cuales 142 fueron trasladados a Nayarit y el resto a Matamoros, fueron reportados por organizaciones de derechos humanos.[25]

Con esta represión la APPO sufrió un duro golpe, además de las detenciones mucha gente tenía miedo y ya no había condiciones adecuadas para la movilización. Aún así, la APPO ya menguada y en medio de una ciudad militarizada dio las últimas muestras de su fortaleza.

En el mes de diciembre se realizaron varias movilizaciones. El 1 de diciembre 5 mil marcharon para protestar por la toma de posesión de Felipe Calderón. El 10 se realizó la octava megamarcha en la que participaron miles encabezados por los familiares de los presos. El 14 un mitin en CU. Todavía el 22, días antes de la Navidad la APPO realizó otra movilización y el 23 la Noche de rábanos organizada por el movimiento. Finalmente el 25 se declaró una “tregua navideña” y con ello terminó esta etapa del conflicto.

En esta etapa, la APPO que todavía conservaba una fuerza muy importante no pudo resistir la ofensiva represiva de la PFP. Sin embargo, demostró una capacidad de resistencia muy fuerte, primero con el enfrentamiento del 2 de noviembre y después de la represión del 25 del mismo mes, con movilizaciones durante el mes de diciembre. Pero la represión fue muy grande. Con líderes en la cárcel, cientos de presos y una ciudad militarizada, la APPO perdió fuerza y la posibilidad de transformación quedó cancelada.

Sin embargo, el conflicto ha continuado latente y desde entonces se han realizado movilizaciones importantes. Aunque derrotado por la represión las demandas del movimiento continúan vigentes y la sociedad busca las vías para resolverlas.

e) La lucha más allá de la capital: la APPO en las regiones.

La crisis de la hegemonía priista no sólo se presenta en la ciudad sino también en muchos de sus 570 municipios, tanto en los que están regidos por usos y costumbres como en los llamados municipios de partido. Esta crisis, también se expresó en el conflicto de 2006 y le permitió al movimiento tener influencia en buena parte del estado.

El movimiento en las regiones no fue homogéneo, de acuerdo a la organización y los avances democráticos que se han tenido en cada región variaron las formas de participación en el conflicto de 2006. En muchos municipios con presidentes cercanos al movimiento popular las comunidades y sus autoridades se solidarizaron con la APPO. En otros que venían de procesos electorales cuestionables y en dónde los presidentes municipales habían aplicado una política autoritaria similar a la de URO los pobladores se organizaron y tomaron los palacios municipales o incluso eligieron nuevas autoridades que formaron parte de ayuntamientos populares. Finalmente en algunas regiones, el conflicto no llevó al enfrentamiento con autoridades locales pero si se expresó en marchas, bloqueos carreteros y tomas de radios locales.

El mismo 14 de junio, en solidaridad con los maestros en todo el estado se tomaron los palacios municipales de Huautla de Jiménez, Jalapa del Marqués, Pinotepa Nacional, Tehuantepec, Salina Cruz, Ciudad Ixtepec, Juchitán de Zaragoza, San Blas Atempa, Matías Romero, Zanatepec, Tapanatepec, Chahuites y Santiago Juxtlahuaca. Más allá del número, reducido si lo comparamos con los 570 municipios del estado, varias de las ciudades con importancia regional entraban al conflicto desde un inicio. Muchos de estos palacios permanecieron tomados hasta el mes de diciembre.

Así, prácticamente en todos los centros grandes de población hubo algún tipo de manifestación del movimiento. Los palacios municipales de Huajuapan de León, Nochixtlan, Miahuatlán, Pinotepa Nacional, Putla de Guerrero, Tehuantepec y Oaxaca, por mencionar algunas de las ciudades importantes, estuvieron tomados en algún momento o durante todo el conflicto. Además en ciudades como Juchitán, Ixtepec, Huatulco, Salina Cruz, Puerto Escondido y Tlaxiaco las movilizaciones, sobre todo de maestros, fueron constantes.

Sería imposible, reseñar lo que sucedió en cada uno de los municipios por lo que hablaremos de manera general de lo que sucedió de acuerdo a algunas regiones del estado.

El epicentro del conflicto se dio en la Ciudad de Oaxaca y cómo tal es lógico que la mayor intensidad se presentara en los Valles Centrales. Ahí se tomaron 6 palacios municipales, de los cuáles se proclamaron 3 Ayuntamientos populares. En especial, el municipio de Zaachila se convirtió en uno de los símbolos del movimiento popular. En ese lugar, una buena parte de la población se rebeló contra el presidente municipal José Coronel, demandó su salida, tomó el palacio municipal y nombró a sus propias autoridades. Finalmente, con la represión de noviembre el movimiento se replegó pero se mantiene organizado y realiza movilizaciones hasta la actualidad.

Otra región con una participación importante fue la de la Sierra Norte. Ahí decenas de autoridades municipales, muchas de ellas agrupadas en la Unión de Autoridades Municipales del sector Zoogocho, expresaron su solidaridad con el movimiento, apoyaron con víveres, se instalaron en el plantón de la Ciudad de Oaxaca y organizaron protestas. En Guelatao una radio fue tomada para el movimiento. Además en ese mismo lugar se organizaron protestas para impedir que URO se montara en el homenaje del bicentenario del natalicio de Benito Juárez. Con el pretexto de una guerrilla, que fue descalificada como un montaje del gobierno por parte de las organizaciones indígenas, se enviaron soldados y se militarizó la región.

En el Istmo, una de las regiones con más tradición de lucha, el conflicto no fue tan intenso pero las organizaciones realizaron movilizaciones y bloqueos. La Unión de Comunidades de la Zona Norte del Istmo, la Sección 22 y la COCEI (Coalición Obrero Campesina Estudiantil del Istmo) realizaron movilizaciones casi todas las semanas en Juchitán, Salina Cruz, Jalapa del Marqués y Tehuantepec, y bloqueos en las carreteras de la zona. Aunque algunas organizaciones como la COCEI, también coquetearon con el apoyo a URO. La ceremonia de “traspaso de poderes” en homenaje a los 150 años de la resistencia en Juchitán durante la intervención francesa tampoco se pudo realizar por las movilizaciones. Además, el conflicto postelectoral en el municipio de San Blas Atempa se profundizó y ya desde antes del conflicto se nombró un Ayuntamiento Popular, que participó activamente en la APPO.

En la Mixteca, una de las regiones más pobres del país, la toma de los palacios municipales de Huajuapan y Putla de Guerrero, así como las movilizaciones en Tlaxiaco fueron el eje de las movilizaciones. Por otro lado, se constituyó la Asamblea Popular de la Mixteca y asambleas populares en varios municipios.

En la Cañada y Tuxtepec se tomaron varios palacios municipales, como el de Acatlan de Pérez Figueroa, la propia Tuxtepec y Huautla y se realizaron algunas movilizaciones.

Por último, en las regiones de la Sierra Sur y la Costa, gracias a la presencia del magisterio se realizaron movilizaciones en Puerto Escondido, Huatulco y otros municipios y se tomó el palacio municipal de Pinotepa Nacional.

En conclusión, el movimiento popular de 2006 tuvo presencia en todas las regiones del estado. Pero se concentró sobre todo en los Valles Centrales debido al plantón y el centralismo político del estado. En las demás regiones la magnitud del movimiento vario de acuerdo a la acumulación de fuerzas de las organizaciones y el movimiento popular.

Aunque el movimiento no penetró en todos los municipios si llegó a tener influencia en la mayoría de las regiones del estado. Es falso que sólo se desarrolló en la capital del estado.

IV. Conclusión.

En 2006 en Oaxaca, una parte significativa de la población salió a las calles a manifestarse contra el gobierno, votó contra el PRI e intentó por las vías institucionales la salida de un gobernador autoritario.

Estos hechos no fueron casuales, corresponden a una crisis de la hegemonía construida por el PRI durante décadas en Oaxaca. Esta hegemonía ha ido en declive desde 1968 por el ascenso de movimientos sociales que han construido una sociedad civil muy organizada y que ya no permite un estilo de gobierno autoritario y antidemocrático.

Sin embargo, en los últimos años los gobiernos priistas lejos de adaptarse a los cambios de la sociedad han intentado imponer una regresión al autoritarismo. Por eso, ante una sociedad civil que prefigura una forma de gobierno más democrática y un gobierno priista empeñado en perpetuar el autoritarismo, estalló la crisis política de 2006.

La APPO, surge en el marco de esta crisis de la hegemonía priista y le agrega nuevos elementos. Además de las organizaciones sociales que venían acumulando fuerzas desde la década de los sesentas se suman miles de ciudadanos que se politizan durante el movimiento. Pero las organizaciones sociales y los ciudadanos politizados en el conflicto, no lograron articularse plenamente y le generaron muchas contradicciones al movimiento. La Sección 22 con una estructura muy sólida y una dinámica de lucha generada en más de dos décadas no siempre coincidió con las “barricadas” en las que ciudadanos sin experiencia y sin intereses gremiales demandaban una solución total.

Fuera de la capital, la crisis de la hegemonía también se hizo patente. La lucha de los pueblos indígenas y de otras organizaciones por democratizar los municipios se expresó de múltiples formas. En los municipios tomados, en los ayuntamientos populares, en el apoyo de decenas de presidentes municipales y en las manifestaciones o bloqueos en todo el estado.

Pero, a pesar de esta crisis a nivel estatal, el sistema político nacional exhibió sus limitaciones y complicidades con el autoritarismo local. A 6 años de la alternancia en la presidencia, la federación y los partidos políticos cerraron todas las salidas para un cambio democrático en Oaxaca.

El movimiento popular no encontró la solidaridad suficiente en el resto del país y por eso fue derrotado por la coalición conservadora (PRI-PAN) a nivel nacional.

Así, el PRI y Ulises Ruiz obtuvieron una victoria pírrica basada únicamente en la fuerza de la PFP y el apoyo de las fuerzas conservadoras a nivel nacional. Pero a nivel local, la crisis de la hegemonía priista continúa sin resolverse. El movimiento popular conserva, a pesar de la represión, grandes organizaciones como la Sección 22 y ahora está reforzado por los miles de ciudadanos que participaron en el movimiento de 2006. Por eso, el conflicto sigue latente y pensamos que sólo podría resolverse con los cambios democráticos que la sociedad oaxaqueña ya esta demandando.

Fuentes citadas:

Vicente Cortés, Joel (Coord.) Educación, Sindicalismo y Gobernabilidad en Oaxaca. SNTE, México, 2006.

Recondo, David. La política del gatopardo. Multiculturalismo y democracia en Oaxaca. Publicaciones de la Casa Chata. CEMCA-CIESAS, México, 2007.

Martínez Vásquez, Víctor Raúl. Autoritarismo, movimiento popular y crisis política: Oaxaca 2006. Coedición de: Oaxaca Comercio para el diálogo, Centro de Apoyo al Movimiento Popular Oaxaqueño A.C., EDUCA Servicios para una Educación Alternativa A.C. y IISUABJO. Oaxaca 2007.

Bailón Corres, Jaime. Pueblos indios, élites y territorio. Sistemas de dominio regional en el sur de México: una historia política de Oaxaca. Colegio de México, México, 2002.

Leyva, Rubén (editor), Memorial de agravios, Oaxaca, México, 2006. Marabú ediciones, México, Oaxaca, 2008.

La Guillotina No.56, primavera 2007, México, 2007

Red Oaxaqueña de derechos humanos, coordinación Informe. Sobre las violaciones a los derechos humanos cometidos durante el desalojo del plantón magisterial junio 14, 2006. Red Oaxaqueña de derechos humanos, coordinación, mimeo, México, 2006

Entrevista a Florentino López Martínez, Vocero de la APPO y miembro del PC de M m-l, 12 noviembre 2008

Entrevista a Patricia Jiménez Alvarado, Coordinadora de Mujeres Oaxaqueñas, 8 noviembre 2008.

Son de la Barricada, Grupo Raíces

Noticias. Voz e imagen de Oaxaca, Oaxaca, mayo-diciembre 2006.

Reforma, México, mayo-diciembre 2006.

El imparcial, Oaxaca, mayo-diciembre 2006.

La Jornada, México, mayo-diciembre 2006.

Milenio, México, mayo-diciembre 2006.



* Este artículo esta basado en la investigación realizada para mi tesis de licenciatura en la Licenciatura de Sociología en la F.C.P. y S. de la U.N.A.M.

[2] Son de la Barricada, Grupo Raíces

[3] Este concepto es desarrollado por Víctor Raúl Martínez Vásquez en su libro Autoritarismo, movimiento popular y crisis política: Oaxaca 2006. Coedición de: Oaxaca Comercio para el diálogo, Centro de Apoyo al Movimiento Popular Oaxaqueño A.C., EDUCA Servicios para una educación alternativa A.C. y IISUABJO. Oaxaca 2007. pp.16-23

[4] Este proceso es examinado con profundidad en el libro de Jaime Bailón Pueblos indios, élites y territorio. Sistemas de dominio regional en el sur de México: una historia política de Oaxaca. Colegio de México, México, 2002.

[5] Noticias. Voz e imagen de Oaxaca, Oaxaca, 2 mayo 2006. p. 1A

[6] Noticias. Voz e imagen de Oaxaca, Oaxaca, 29 mayo 2006, p.8A

[7] Noticias. Voz e imagen de Oaxaca, Oaxaca, 8 junio 2006

[8] Las violaciones a los derechos humanos y todo lo referente a este operativo esta ampliamente documentado en el libro Informe. Sobre las violaciones a los derechos humanos cometidos durante el desalojo del plantón magisterial junio 14, 2006. Red Oaxaqueña de derechos humanos, coordinación. México, 2006

[9] Reforma, México, 15 de junio 2006

[10] El imparcial, Oaxaca, 15 de junio 2006

[11] Entrevista del autor a Florentino López, Vocero de la APPO y miembro del PC de M m-l, 12 noviembre 2008

[12] Un análisis de estas elecciones se encuentra en “Oaxaca, 2006: Las razones del 2 de junio Porfirio Santibáñez en: Vicente Cortés, Joel (Coord.) Educación, Sindicalismo y Gobernabilidad en Oaxaca. SNTE, México, 2006.

[13] Una excelente crítica al manejo de los medios en esos días puede leerse en: Lobo, Fernando. “La Rabia inexplicable”, La Guillotina No.56, primavera 2007, México, 2007. pp.34-39.

[14]Noticias. Voz e imagen de Oaxaca, Oaxaca , 1 de agosto 2006 p.1A

[15] Estos datos fueron proporcionados por Patricia Jiménez Alvarado de la Coordinadora de Mujeres Oaxaqueñas, en entrevista con el autor el 8 de noviembre 2008.

[16] Reforma elaboró un mapa de las barricadas en la ciudad el 29 de agosto de 2006 en su página de Internet.

[17] Resolutivos del Foro Nacional “Construyendo la democracia y la gobernabilidad de Oaxaca” 16 y 17 de agosto 2006, Mimeo, p.12

[18] La Jornada, México, 10 octubre 2006

[19] Citado en: Martínez Vásquez, Víctor Raúl. Autoritarismo, movimiento popular y crisis política: Oaxaca 2006. Coedición de: Oaxaca Comercio para el diálogo, Centro de Apoyo al Movimiento Popular Oaxaqueño A.C., EDUCA Servicios para una Educación Alternativa A.C. y IISUABJO. Oaxaca 2007.

[20] Noticias. Voz e imagen de Oaxaca, Oaxaca, 28 octubre 2006

[21]Capitulo 4.2.1 del Informe de la Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos (2007)”, citado en: Leyva, Rubén (editor) Memorial de agravios, Oaxaca, México, 2006. Marabú ediciones, México, Oaxaca, 2008. p.156

[22] Noticias. Voz e imagen de Oaxaca, Oaxaca ,30 octubre 2006.

[23] La lista de muertos son tomados de “Capitulo 4.2.1 del Informe de la Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos (2007)”, citado en: Leyva, Rubén (editor.) Memorial de agravios, Oaxaca, México, 2006. Marabú ediciones, México, Oaxaca, 2008. p.156 y el resto de datos Noticias. Voz e imagen de Oaxaca, 30 octubre, 2006.

[24] Resolutivos del Congreso Constitutivo de la APPO, Noviembre de 2006, mimeo, p.25

[25] Datos citados en el libro Martínez Vásquez, Víctor Raúl. Autoritarismo, movimiento popular y crisis política: Oaxaca 2006. Coedición de: Oaxaca Comercio para el diálogo, Centro de Apoyo al Movimiento Popular Oaxaqueño A.C., EDUCA Servicios para una Educación Alternativa A.C. y IISUABJO. Oaxaca 2007. , p.171